¿Hay plata o no hay plata?

Milei aprovechó el aniversario de la Bolsa de Comercio para revelar, sin filtros, el orden real de sus prioridades. Ante un auditorio de magnates les prometió reducir “un punto y medio del PBI por año” en impuestos —unos 500 000 millones de dólares— y acusó de “madriguera de ratas” a quienes, en el Congreso, sostienen los reclamos de jubilados y personas con discapacidad. El mensaje es nítido: el ajuste no terminó, sólo cambió de destinatario; la riqueza existe, pero se redistribuye hacia arriba.
Su explicación sobre el “ruido” inflacionario desnuda otra paradoja. Mientras pontifica que el mercado necesita silencio para asignar recursos, él mismo decide quién merece escuchar la música de la prosperidad. A los sectores vulnerables les reserva el mutismo de los recortes; a los poderosos, la sinfonía de las exenciones. Este gobierno elige confiscar derechos para financiar privilegios, disfrazando la desigualdad de eficiencia y libertad.
Despreciar la política social y denigrar a quienes la defienden no es valentía libertaria: es crueldad de élite. Milei confunde equilibrio fiscal con justicia, olvida que un Estado presente es la única garantía de igualdad efectiva, y llama “degenerados fiscales” a quienes sostienen hospitales, pensiones y jubilaciones. En Entre Ríos sabemos cuánto duele esa lógica: cuando las cuentas cierran en los balances de unos pocos, se abren heridas en la mayoría.
Desde Militancia Activa proponemos otra hoja de ruta: equilibrio, sí, pero con equidad; crecimiento, sí, pero con dignidad; libertad, sí, pero también derechos. No vamos a avalar un programa que sacrifica a los más frágiles para engordar patrimonios ya privilegiados. Por eso elegimos no apoyar a Milei y convocamos a cada radical comprometido con la tradición solidaria de Alem, Yrigoyen, Illia, Alfonsín y Montiel a construir una economía al servicio de la gente, no de los mercados financieros.






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